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Zenith El Primero Sport: La Historia Completa
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Zenith El Primero Sport: La Historia Completa


Durante doce años, un Rolex Daytona funcionó con corazón Zenith. Entre 1988 y 2000, Rolex compró movimientos El Primero a Zenith, los modificó y los montó en el Daytona bajo el nombre interno de calibre 4030, porque necesitaba un cronógrafo automático fiable y todavía no tenía uno propio. Ese es el tipo de movimiento que impulsa el reloj del que trata este artículo: el El Primero Sport, parte de la familia construida sobre el calibre 400 de Zenith, descendiente directo de la misma arquitectura El Primero que un competidor tuvo que pedir prestada.

El movimiento que nació como una apuesta contra el cuarzo

Zenith lanzó el calibre El Primero original en 1969, compitiendo con Seiko y un consorcio suizo por ser los primeros en sacar un cronógrafo automático. Ganó gracias a un detalle técnico que se convirtió en su seña de identidad: funcionaba a 36.000 alternancias por hora, el doble de las 18.000 o 21.600 habituales en la mayoría de automáticos de la época, lo que le permitía medir el tiempo a la décima de segundo en lugar de a un octavo o un cuarto. Después la crisis del cuarzo estuvo a punto de acabar con él. Zenith casi desmanteló el utillaje en los años setenta; según cuenta la leyenda, un técnico escondió los planos y la maquinaria en vez de destruirlos, y esa es la única razón por la que el movimiento seguía existiendo cuando se relanzó una década después.

El calibre 400: el motor moderno bajo la línea Sport

El calibre 400 es la versión reindustrializada y modernizada del movimiento, devuelta a producción completa en 1987 con 278 componentes, 31 rubíes y las mismas 36.000 alternancias por hora de siempre. Es la versión sobre la que el Zenith de la era LVMH construyó de verdad su regreso, y la que acabó, directamente o mediante acuerdos, en cronógrafos de Bulgari, TAG Heuer y Hublot durante los años en que esas marcas compartieron división relojera con LVMH. El El Primero Sport lleva esa herencia en una caja más informal y cotidiana que la línea Chronomaster, más elegante, de Zenith, pero el motor de dentro se remonta directamente a 1969, sin matices.

Por qué la décima de segundo todavía importa

Un cronógrafo moderno no necesita medir décimas de segundo para que la mayoría de la gente lo use bien, pero el movimiento de alta frecuencia aporta algo que sí importa en el día a día: hace que la aguja de segundos se deslice en lugar de saltar, más suave y más legible mientras se cronometra. Ese es el beneficio práctico de las 36.000 alternancias por hora que más de setenta años de relojería alrededor no han igualado ni mejorado de forma significativa, y por eso Zenith ha seguido construyendo sobre la misma arquitectura en lugar de sustituirla.

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Fuentes